Le habia dicho la tarde anterior que algunas cosas son
difíciles de entender y es mejor no hacer el esfuerzo, eso te protegerá. Cuando
haces el intento de entrar a lo profundo de los sentimientos de los otros
difícilmente saldrás bien, sólo encontraras oscuras sorpresas que se repliegan
por tu piel como serpientes deseosas de infectar tu sangre. Esa fue la última
conversación que tuvimos en el parque, se veía asustado o avergonzado, podía
suponer que entendía lo que había tratado de decirle con ejemplos prácticos,
pero aún así sólo escuchaba y no decía nada. Nos fuimos caminando entre hojas
secas y arboles que se camuflan cuando cae la noche.
Ella no lo dejó bien, para nada, quizás jugó con
él o bien, nunca comprendió las reglas que establecieron para mantenerse juntos
por aquel tiempo, eso suele suceder cuando las interpretaciones se vinculan con
proyecciones unilaterales, siempre habrá alguien dañado. Al despedirnos se
perdió en la noche dirección a su hogar, por mi parte me fui tranquilo, sabía
que hacía lo correcto al apegarlo a la realidad, a la miseria de la existencia
donde estadísticamente es más probable sufrir que ser feliz.
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