Tenía que olvidarla como diera lugar. Había oído o leído (ya no existía
claridad, ahora todo es confuso) que los recuerdos almacenanados por
un periodo no superior al 10% de la edad se podían anular por medio de
terapias con psicofármacos. A la 7 noche apoderado por el insomnio lo decidió,
buscó artículos en internet, daba lo mismo si eran revistas científicas o la
opinión de alguien proveniente de algún país extraño, su única convicción era
la necesidad de extirparla de la mente.
Sus rutinas diarias eran similares, cada vez comía menos y los sabores
eran poco relevantes y poco motivantes. El cigarro parte importante del
devenir, su única compañía. Las personas un simple desfile de extrañas
figuras que replican asuntos funcionales; la vida un molde en proceso de
destrucción o corroído por la frustración y la vergüenza. La única decisión
lógica que ha tomado desde que ella se marchó sin mayores explicaciones es la
de haber decido olvidarla, por supuesto olvidarla asistidamente porque su
debilidad de espíritu o su extrema sensibilidad no le permitirá superar
este tipo de sentimientos. La vía que le queda son los químicos.
Impulsado por calmar el dolor dio con el
compuesto, mezcla de altas dosis de anti sicóticos y/o benzodiasepinas por 7
días y así esto debería terminar. 3 dosis por dias, mañana, tarde y
noche. La última una intravenosa, pero no importaba él ya estaba
decidido. Poca importancia le dio a los efectos adversos que encontraba en cada
opinión del cibermundo, de qué preocuparse si el objetivo final
le podría permitir la paz que algún día tuvo.
Al pasar la primera semana,
sentado en el baño, recién afeitado se subió la manga de la camisa y aplica su
última dosis. Recostado en la cama cierra los ojos, prende un cigarrillo en la
oscuridad de su pieza, se cuela por las cortinas solamente las sombras de los
árboles que parecen decir algo. Antes de entregarse a los efectos ve en su
celular fotos, recuerdos que saben que desaparecerán el día de
mañana; enroscado como un bebé acerca el dispositivo en su
pecho. Aprieta los dientes y sabe que está haciendo lo correcto, no existe
otra alternativa.