viernes, 11 de noviembre de 2016

Te estaba escuchando atentamente. Me mirabas como si fuese la última noche. No dejaba caer ninguna gota fuera de mis labios y tu tampoco. El viento parecía ser un escenario más entre las millones de sombras que coqueteaban allá atrás. Tu sabes que me molestan y yo sé que te molesta mi amargo y anestésico sabor que traigo en las noches de fobia. Aún así parece que todo es perfecto hoy. La neblina de la v región costa es nuestra amiga, las irresponsabilidades también; no luchamos contra los pacos como lo hacíamos hace 20 y tú hace 5, pero aún así son nuestras. Te quiero y me quieres. Te entiendo y me entiendes, cualquier otra puta lectura es capricho. Te admiro y salivas cuando te cuento historias de los noventa, como coqueteando  me pides el silencio y me esperas hasta mañana cuando vuelva a estar bien, más sincero, más competente con los vaivenes que se prometen en el silencioso ritmo de la taquicardia que sólo tu puedes comprender. Nada es triste y nada es malo. Todo es música y todo es amor. Nos vamos y odiamos. Nos callamos y escribimos con agua entre las sabanas lo que fue nuestra experiencia con los enemigos del puto compromiso.