miércoles, 4 de diciembre de 2019

GENERACIÓN SIN PADRES ii (O RETAZO DE UNA PENETRACIÓN)


Generación sin padres, de ésos que esperan por la madrugada ir a trabajar a las fábricas de los ricos. Limpiar sus piscinas para luego ser presumidas a sus retocadas y retorcidas mujeres.

Generación sin padres que esperan y siempre esperan. Reprimidos, alienados y dopados en largas filas de cervezas junto con el show televisivo de un don francisco que se pierde en el tecnicolor.

Generación sin padres y con madres, de legumbres y pan, de cortinas viejas que nos envuelven en aromas y atardeceres de cocina.

Generación sin padres y de heridas que no sanan, de muchas tardes de espera y sueños que no llegaron pero se guardan en álbumes vacíos.

Generación sin padres y de árboles gigantes, de caminatas y salidas al cerro. De bicicleta y cigarros sueltos.

Generación sin padres, que con los años acuñó la desidia como forma de resistencia.

Generación sin padres y en micro, bajo una luna que cae a pedazos por las frías y sucias noches de invierno.


Somos ese resultado no azaroso, el embrión del perverso sistema que se ríe de nosotros. Que nos mira y expone –renta con- nuestras debilidades. Que transa y no transa. Somos ellas, las que se esconden o se entregan. Somos ellos, los que temen y sienten vergüenza.

Fuimos algún día capaces de entendernos, de sentir el resentimiento y poetizarlo, pero nunca de transformarlo. Fuimos muriendo en los intentos de germinación errante, descalzos y desnudos, sorprendidos por una traicionera mesa de negociación. Fuimos cayendo vertiginosamente. Fuimos viendo cómo se convertían frente a nuestros caídos ojos, mutando, cambiando su piel por chaquetas y corbatas; despojándose (nos)  de la tierna piel que los acompañó por años para asumir una ostentosa seriedad.



Somos hijos del abandono y de la negligencia, 
el resultado in-pensado o esperado de un sistema infausto,
Cruel,
Somos hijos del capitalismo desgarrador de entrañas,
Que nos cercenó ojos, manos y alma

Somos esas niñas que corrían a pata pelá buscando amor o juegos,
Los que cambiaron el barro por piedras
Los que aprendieron a morder antes de oler.

Poco a poco fuimos descubriendo la trampa
cayendo en ella,
con una que otra extremidad rota,
Con la mirada ensangrentada por los golpes que dejó el golpe.