Generación sin
padres, de ésos que esperan por la madrugada ir a trabajar a las fábricas de
los ricos. Limpiar sus piscinas para luego ser presumidas a sus retocadas y
retorcidas mujeres.
Generación sin
padres que esperan y siempre esperan. Reprimidos, alienados y dopados en largas
filas de cervezas junto con el show televisivo de un don francisco que se
pierde en el tecnicolor.
Generación sin
padres y con madres, de legumbres y pan, de cortinas viejas que nos envuelven
en aromas y atardeceres de cocina.
Generación sin
padres y de heridas que no sanan, de muchas tardes de espera y sueños que no
llegaron pero se guardan en álbumes vacíos.
Generación sin
padres y de árboles gigantes, de caminatas y salidas al cerro. De bicicleta y
cigarros sueltos.
Generación sin padres,
que con los años acuñó la desidia como forma de resistencia.
Generación sin
padres y en micro, bajo una luna que cae a pedazos por las frías y sucias
noches de invierno.
Somos ese resultado
no azaroso, el embrión del perverso sistema que se ríe de nosotros. Que nos
mira y expone –renta con- nuestras debilidades. Que transa y no transa. Somos
ellas, las que se esconden o se entregan. Somos ellos, los que temen y sienten
vergüenza.
Fuimos algún día
capaces de entendernos, de sentir el resentimiento y poetizarlo, pero nunca de
transformarlo. Fuimos muriendo en los intentos de germinación errante,
descalzos y desnudos, sorprendidos por una traicionera mesa de negociación. Fuimos
cayendo vertiginosamente. Fuimos viendo cómo se convertían frente a nuestros
caídos ojos, mutando, cambiando su piel por chaquetas y corbatas; despojándose
(nos) de la tierna piel que los acompañó
por años para asumir una ostentosa seriedad.
Somos hijos del
abandono y de la negligencia,
el resultado in-pensado o esperado de un sistema infausto,
Cruel,
Somos hijos del
capitalismo desgarrador de entrañas,
Que nos cercenó
ojos, manos y alma
Somos esas niñas que
corrían a pata pelá buscando amor o juegos,
Los que cambiaron el
barro por piedras
Los que aprendieron
a morder antes de oler.
Poco a poco fuimos descubriendo
la trampa
cayendo en ella,
con una que otra
extremidad rota,
Con la mirada
ensangrentada por los golpes que dejó el golpe.