lunes, 25 de noviembre de 2013

Camino

 Camino rutinario por Santiago, 18:30 PM, mirando como avanzan mis pies por el cemento quizás buscando, quizás manteniendo el ritmo de un cerebro adormecido, tal vez evitando: ¡pum! golpe despertador, una horda de morbosos fósiles maquillados para lo que sea tuvieron su tarde de fortuna, valió el esfuerzo de su enfermera colorear el cabello para esta situación. Frente a tan curiosos sujetos pienso que no fue en vano salir a dar vueltas por la manzana.
Había vidrios, objetos plásticos que no se encuentran allí por casualidad, bomberos no específicamente haciendo un show para niños curiosos de escuelas vulnerables: suficiente sangre para alimentar el morbo de los navegantes de la red y los miserables medios de comunicación. Todo tenía lógica, existía un factor o variable que atraía a toda esta gente, no precisamente una invitación para reunirse en el mismo lugar. Todos ellos atraídos para presenciar cómo retiran un cuerpo, saber si aún respira o si se encuentra completo, mejor si comienza el proceso de culpas o antecedentes de la víctima.
Si no tienen respuestas será el motivo de conversación para la noche.

Los ancianos siguen aglomerados, especulando las causales del accidente, algunos culpando otros librando de culpas. Todos participan del banquete otorgado por el anfitrión, a quien veo retirarse inmóvil con ojos cristalinos, desplazado y alejado de sus espectadores. Se va dormido para despertar quién sabe dónde, está claro que no será observado por centenares de ojos esperando algo que alimente sus vacías existencias, mientras me retiro pensando por qué motivo en aquel momento (por alguna casualidad) no estaban mirando la t.v.   

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La Mirada



Las hojas se confunden como pequeños cristales entre sus manos, aparecen imágenes blancas- luminosas cada vez que cierra los ojos. Piensa que la mañana se encuentra demasiado pesada, por lo que sus ojos están lentos y la mente cansada. Decidido, sugiere un cambio, abrazarse a la seguridad, patética huida previamente sometida  a una serie de pruebas, reduciendo naturalmente espacios para lo inesperado. “Tanta dependencia a lo palpable”, exclama inhalando el frío mañanero, avanzando a paso lento por la cuneta serpenteada por sombras sin rostro.

La miraba en silencio, imaginaba hablar con ella, pero sigue siendo más seguro callar. Su pelo caía sobre sus hombros  a 40 cm. de él, podía sentir su olor cada vez que el viento se colaba por el espacio entre abierto de la ventana, se producía un aroma único, una suave mezcla entre olor costero y la piel de la joven. Ella no percibe su mirada, si lo hiciera no dudaría en ignorar la atención sin daños o consecuencias. Debido a la distancia y la falta de encuentros profundos, imagina que no le molestará fijar su atención en todos sus movimientos, cuando se encuentran por el café o desplazándose por las escaleras; en algunas ocasiones le ha visto custodiando desde la altura, unos 5 o 6 pisos de distancia.



martes, 12 de noviembre de 2013

Las cortinas

Pensaba, imaginaba que llegaría algún día a visitarlo. Estaba seguro que pronto las cosas iban a cambiar, los colores se tornarían intensos en el comedor, las cortinas viejas y apolilladas dilatarían el verde sombreado haciéndolo viajar por el oscuro mar de los recuerdos. Sí, aquella casa y los días bajo el nogal, los pasos lentos en caminos de tierra o las sorpresas de los atardeceres de verano revivirían en una danza para él.
Si todo se redujera al plano de los pensamientos, existiría orden, un sistema infalible para remediar los daños ocasionados por las vicisitudes inflexibles de la vida. Sin embargo, sigue inmóvil, expectante de los espirales de la taza de café y el humo que se disuelve, la rigidez de su espalda acrecienta la imagen decadente, a ratos oscura. Sus piernas se arquean sistemáticamente, la punta de su pie derecho presiona el piso con la fuerza en expansión de un resorte tenso, lo que no le permite dejarlo en estado de reposo.
Debe apresurarse, comenzar con este nuevo día, fuma, piensa en todo lo predecible que ocurrirá hoy; llamadas, acuerdos, noticias y las hojas que podrá leer. Sonríe con una mueca diminuta mientras se limpia los ojos, signo que ya es momento de ir a la ducha, es la hora exacta, ningún minuto más, 7: 13 a.m.