martes, 10 de febrero de 2015

BORRADOR


Tenía que olvidarla como diera lugar. Había oído o leído (ya no existía claridad, ahora todo es confuso) que los recuerdos almacenanados por un periodo no superior al 10% de la edad se podían anular por medio de terapias con psicofármacos. A la 7 noche apoderado por el insomnio lo decidió, buscó artículos en internet, daba lo mismo si eran revistas científicas o la opinión de alguien proveniente de algún país extraño, su única convicción era la necesidad de extirparla de la mente.
Sus rutinas diarias eran similares, cada vez comía menos y los sabores eran poco relevantes y poco motivantes. El cigarro parte importante del devenir, su única compañía. Las personas un simple desfile de extrañas figuras que replican asuntos funcionales; la vida un molde en proceso de destrucción o corroído por la frustración y la vergüenza. La única decisión lógica que ha tomado desde que ella se marchó sin mayores explicaciones es la de haber decido olvidarla, por supuesto olvidarla asistidamente porque su debilidad de espíritu o su extrema sensibilidad no le permitirá  superar este tipo de sentimientos. La vía que le queda son los químicos.
 Impulsado por calmar el dolor dio con el compuesto, mezcla de altas dosis de anti sicóticos y/o benzodiasepinas por 7 días y así esto debería terminar. 3 dosis por dias, mañana, tarde y noche. La última una intravenosa, pero no importaba él ya estaba decidido. Poca importancia le dio a los efectos adversos que encontraba en cada opinión del cibermundo, de qué preocuparse si el objetivo final le podría permitir la paz que algún día tuvo.

Al pasar la primera semana, sentado en el baño, recién afeitado se subió la manga de la camisa y aplica su última dosis. Recostado en la cama cierra los ojos, prende un cigarrillo en la oscuridad de su pieza, se cuela por las cortinas solamente las sombras de los árboles que parecen decir algo. Antes de entregarse a los efectos ve en su celular fotos, recuerdos que saben que desaparecerán el día de mañana; enroscado como un bebé acerca el dispositivo en su pecho. Aprieta los dientes y sabe que está haciendo lo correcto, no existe otra alternativa.

 

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