miércoles, 11 de diciembre de 2013
Leáse dolor de jirafa
Traté de comprender lo que me pasaba, cada instante en ese lugar me produce repulsión, los colores, el olor a humedad campante e intenso en la tierra previamente seca me hace recordar la infancia. "Si ella estuviera acá", pienso mientras paso la tarde con apatía e ironía. Luego de unos minutos no vacilo en racionalizar los procesos mentales y comprendo que no existe "ella", se trata simplemente de una serie de ideas construidas a partir de fragmentos sin éxito de experiencias pasadas. Divago, sin duda algunos días son iguales a otros, incluso me atrevería a afirmar que la gran mayoría cumple con aquél patrón de monotonía, al tener en cuenta aquella variable con un grado de certeza puedo predecir el desenlace de esta reflexión en parte racional, pero con tintes propios de las emociones que me aquejan. Boto el cigarrillo, levantándome del tronco bajo el nogal miro la implacable vista del Aconcagua como juguetea con los rojizos colores de la tarde; para no prolongar los delirios fugases sobre estética camino al auto, suficiente tiempo tuve para dar rienda suelta a la destrucción de la consciencia por medio de la hez de un ideario embelesado por conformismo de un hombre escolarizado a golpes.
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