Las hojas se confunden como pequeños cristales entre sus
manos, aparecen imágenes blancas- luminosas cada vez que cierra los ojos. Piensa
que la mañana se encuentra demasiado pesada, por lo que sus ojos están lentos y
la mente cansada. Decidido, sugiere un cambio, abrazarse a la seguridad,
patética huida previamente sometida a
una serie de pruebas, reduciendo naturalmente espacios para lo inesperado. “Tanta
dependencia a lo palpable”, exclama inhalando el frío mañanero, avanzando a
paso lento por la cuneta serpenteada por sombras sin rostro.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
La Mirada
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