miércoles, 20 de noviembre de 2013

La Mirada



Las hojas se confunden como pequeños cristales entre sus manos, aparecen imágenes blancas- luminosas cada vez que cierra los ojos. Piensa que la mañana se encuentra demasiado pesada, por lo que sus ojos están lentos y la mente cansada. Decidido, sugiere un cambio, abrazarse a la seguridad, patética huida previamente sometida  a una serie de pruebas, reduciendo naturalmente espacios para lo inesperado. “Tanta dependencia a lo palpable”, exclama inhalando el frío mañanero, avanzando a paso lento por la cuneta serpenteada por sombras sin rostro.

La miraba en silencio, imaginaba hablar con ella, pero sigue siendo más seguro callar. Su pelo caía sobre sus hombros  a 40 cm. de él, podía sentir su olor cada vez que el viento se colaba por el espacio entre abierto de la ventana, se producía un aroma único, una suave mezcla entre olor costero y la piel de la joven. Ella no percibe su mirada, si lo hiciera no dudaría en ignorar la atención sin daños o consecuencias. Debido a la distancia y la falta de encuentros profundos, imagina que no le molestará fijar su atención en todos sus movimientos, cuando se encuentran por el café o desplazándose por las escaleras; en algunas ocasiones le ha visto custodiando desde la altura, unos 5 o 6 pisos de distancia.



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